Esquina del Bronce

Aunque circunscripta al barrio de San Francisco, la esquina del Bronce es situada en el barrio de Guadalupe, debido al sentir de sus propios habitantes y está situada en el cruce de las calles 10 por 45.

A principios del siglo XX, en aquel lugar se encontraba una sastrería de un oriundo de estas tierras que se apellidaba Mangas. El porqué del nombre de El Bronce, tiene diversas versiones: unos dicen que era porque en aquel sitio, en el techo del mismo, existía una estatua de bronce; mientras que otros mencionan la posible existencia de un cañón sepultado en el lugar, y una más explica que allí don Gonzalo Berrón Cervera tenía una tienda a la que llamó “El Bronce”.

Esquina del Acero

Una esquina antes, sobre la calle 10 y llegando al cruce con la 45-A, antes la Leandro Valle, se encuentra la esquina “Del Acero”, cuyo nombre fue adquirido debido a una tienda que se encontraba allí y que pertenecía al señor Pablo Cano

Esquina de la Punta de Diamante

El 21 de febrero de 1828, el señor Antonio León Ledezma, dueño de un terreno ubicado en lo que ahora son las calles 10 y 10-B, inició la construcción de una fábrica, pero dos semanas más tarde, un vecino del barrio, Mauricio Molina, presentó ante las autoridades un memorial aduciendo que la obra perjudicaría la zona.

Se nombra una comisión que revisan los planos de la casa y diez días más tarde se aprueba el proyecto, tras haber sido trazadas las nuevas líneas de demarcación sin perjudicar el tránsito.

El lugar cuenta con varios callejones y uno de ellos mira la punta de diamante en donde se encuentra un cañón rescatado por el gobierno de la ciudad.

Esquina del Bambuco

En la esquina formada por la calle 10 y 49-A, justo en la punta de diamante, se encuentra una casa que fuera del señor Manuel Herrera, que allí mismo tenía una tienda, en donde por las noches, disfrutaba de sentarse a la puerta de su hogar a disfrutar el fresco entonando bambucos colombianos con los que deleitaba a quienes lo escucharan; la gente entonces empezó a decir “vamos a la esquina del bambuco” en vez de “vamos a comprar con don Manuel” y los campechanos bautizaron el sitio como la Esquina del Bambuco.

Esquina de la Estrella

Aunque el recinto Intramuros fue constituido por cuadros o rectángulos, como un tablero de ajedrez, ya en el siglo XIX, los barrios siguen esta costumbre a diferencia del barrio de Guadalupe que se desarrolló de manera irregular con callejones, calles que de un momento a otro se convierten en dos como es el caso de la esquina donde confluyen las calles 12, la 47 y la Ciriaco Vázquez.

En el cruce de las calles 12 con 47, el dueño de la casa, José Antonio Angulo Suárez, mandó colocar una estrella de concreto en color dorado.

Esquina del Águila

Este lugar también conocido como la “Esquina del Movimiento”, porque por algún tiempo se convirtió en salón de baile, según cuenta la leyenda, debe su nombre a una finca que existía allí y que en la fachada de la casa principal contaba con un águila esculpida.

Al dueño del sitio no se le conocía y la gente comentaba que o era un pirata retirado o un contrabandista o incluso que era un encantador que tenía pacto con el diablo. Lo cierto es que le comenzaron a llamar el Caballero del Águila.

Esquina del Rosal

La razón del porqué se le llama así, se desconoce, aunque se sabe que, en dicho lugar, la antigua dueña cultivaba rosas y en algún punto del terreno existía un árbol de rosas, llamado en Campeche Flor de Mayo.

Se le recuerda por ser sitio de la conocida como Palomilla del Rosal, que era un grupo de muchachos dedicados a jugar y a buscar a otras pandillas como la de la Zanja o la del Águila en aras de demostrar cuál era la mejor.

Esquina de La Zanja

Se encuentra ubicada en la calle 16 por 49 extramuros y aunque ahora está tapada con láminas de concreto, por allí descendían las aguas que venían de los cerros para finalizar en el mar.

Tres son los momentos que reflejan la vida en la zona: El árbol de coloc que allí existía y de cuyo fruto ya no es posible disfrutar, pero a donde iban a parar los chiquillos de esa época para que les permitieran bajar el fruto.

El otro es la tienda de doña María Solís, que vendía lo necesario para la comida y botanas como chiles jalapeños, jícama curtida con chile, mangos verdes, etc.

El último es una vecindad que se levantaba en el sitio y que consistía en varias casas de paja de una sola pieza que parecían una aldea africana como las de las películas o libros y en donde aunque el dueño no sabía hablar español sí sabía cobrar la renta puntualmente.