Al convertirse Campeche en puerto principal de la Península de Yucatán por el tráfico comercial y paso obligado, también se volvió sitio codiciado para corsarios que llegaban desde Inglaterra y Francia para saquear las riquezas de estas tierras.

Es así que, en el año de 1686, Jaime Franck, reconocido ingeniero militar al servicio del Rey de España, inicia la construcción del recinto amurallado, concluyendo en 1704 la columna y baluarte de Santiago y cerrando la villa en un hexágono, con tres puertas: la del Muelle o de Mar, la de San Román y la de San Francisco. Veintiocho años después es el entonces gobernador de Yucatán, Antonio de Figueroa, quien manda construir la que ahora es símbolo de nuestras tierras: la Puerta de Tierra, que era protegida por los baluartes de San Francisco y de San Juan.

El recinto contaba con los baluartes de San Juan, San Francisco, San Pedro, Santa Rosa, San Carlos, De la Soledad, De Santiago (Campeche) y San José.

Adheridos a la muralla que aún subsiste junto con la Puerta de Tierra, están los baluartes de San Juan y San Francisco; el primero fue el cuarto en ser construido y su nombre se relaciona con San Juan de Dios, fundador de la orden de los Juanitos; el segundo, hace referencia en su nombre al fundador de los franciscanos y aunque en algún tiempo perdió casi la mitad de su estructura, en la actualidad se encuentra completamente restaurado a su tamaño original.

El baluarte de San Pedro está dedicado al primer Papa y muestra de ello es la tiara papal que se encuentra en la parte superior de la entrada de acceso. Fue refugio de la tropa y depósito de municiones y pólvora. A un costado fue construido el hospital y la iglesia de San Juan de Dios, de los cuales este último subsiste hoy en día.

Entre los baluartes de San Pedro y Santiago, se encontraba el de San José, en honor al esposo de la Virgen María; era similar a los de Santa Rosa y San Juan, pero en aras del progreso fue demolido en las primeras décadas del siglo XX. En su lugar se encuentra la escuela “Justo Sierra Méndez”,

El primero de los baluartes en ser concluido es el de Santa Rosa, cuyo nombre es en honor a Santa Rosa de Lima, primera santa americana; en el dintel de la puerta está grabado el nombre de la santa y un monograma de la Virgen María.

Cerca de la Puerta de Mar, se encuentra el baluarte de San Carlos, dedicado en honor al rey Carlos II de España. Tiene una bóveda que era conocida como “El Pulguero”, y que servía de cárcel de prisioneros.

Del otro lado de la Puerta del Muelle, podemos encontrar el baluarte de la Soledad. Su nombre proviene de la Virgen de la Soledad, patrona de los marinos, siendo el tercero en ser construido.

Y el último en ser construido y con ello dejar amurallada a la ciudad, fue el baluarte de Santiago, nombre dado en honor a Santiago de Compostela o Santiago Matamoros, patrono de las conquistas de los españoles. El original fue demolido y era muy parecido al de San Carlos; lo que ahora podemos observar es una réplica y lo único original es la puerta de acceso.

Además, siendo gobernador de Yucatán, Melchor de Navarrete, mandó construir un polvorín para almacenar la pólvora usada por la tropa.

Para el año de 1783, se propuso la construcción de baterías y reductos o fuertes para ampliar la defensa de la ciudad. El fuerte más grande es el de San Miguel, que se encuentra ubicado en un cerro a un costado de la carretera que lleva al poblado de Lerma. El otro se encuentra en un cerro opuesto, el de Bellavista, y es el de San José, aunque es más reducido.

Las baterías construidas fueron seis la de San Matías y la de San Lucas, protegidas por San José el Alto; San Luis o también conocida como la de San Miguel de Abajo por estar al pie del fuerte; San Fernando, sobre cuyos restos fue construido el Cementerio General (hoy conocido como Cementerio de San Román), y las baterías de San Carlos y San Roberto que en la actualidad no existen.

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