Al iniciar la configuración de la villa campechana, Francisco de Montejo “El Mozo”, organizó primero el asentamiento maya de Can Pech, donde se encontraban los naturales del lugar, y que años después fue conocido como el “Campechuelo”, hoy barrio de San Francisco, siguiendo la política española de evitar la mezcla de indígenas y blancos.

Lo que ahora conocemos como barrio de Guadalupe, era un pasaje casi solitario con árboles y un camino que llevaba de la villa a San Francisco. En ese lugar, don Pedro Martín y Bonilla, en ese entonces encomendero de las poblaciones de Cenote y Mopilá y miembro del cabildo campechano, pidió licencia al Gobernador de Yucatán y al Obispo para construir una ermita, dedicada a la Virgen de Villuercas, Extremadura, España.

Al llegar el siglo XVIII, Inmigrantes de las Islas Canarias llegaron a esta entidad y se establecieron en ese lugar, a los alrededores de la ermita, que posteriormente fue convertida en capilla y la fuerza de la costumbre logró que el culto se trasladara a la Virgen de Guadalupe, convirtiéndose así en el primer templo dedicado a la Guadalupana después del Tepeyac, según consta en el archivo General de Indias en Sevilla.

A un costado se encuentra el parque de Guadalupe con un kiosco tradicional, donde se puede disfrutar en sus bancas del aire nocturno.

En ese barrio se encuentra también el Parque del IV Centenario, mejor conocido como Parque de San Martín, construido para celebrar los 400 años de fundación de la ciudad. Está ubicado en lo que llamaban el “Descampado de Guadalupe”, que servía como campo de tiro del Baluarte de San José (hoy ya demolido). A un costado se pueden observar los Portales de San Martín, un lugar muy típico donde cada noche abren sus puertas restaurantes tipo “cenaduría”, que sirven antojitos típicos de la región.

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